La gente pregunta qué hacer cuando el amor se acaba.
Cuando ya intentaste tanto, que estás frustrado y cansado para seguir intentando.
Cuando ya no te quedan ganas de seguir. Cuando fallaste tanto, que crees que el otro jamás te mirara con amor de nuevo.
Cuando es el otro el que falló tanto, que ya no te queda cariño para seguir perdonando. Uno al otro se recriminan y responsabilizan, la temida “lista de reclamos” aparece y se entra en lo que se llama ley de espiral descendente. Estás en una espiral que termina en el fondo.
Hay una forma de salir, de “gatillar” en la espiral para que no siga su curso. Es ofrecer dos veces. Es dar algo que no te pidieron y que el otro no espera.
Es dar amor a cambio de la reprensión. Y volverlo a dar en la próxima ofensa. Nadie tiene comprado el mañana, así que si el mañana no llega, prefiero haber dado lo que tengo que habérmelo quedado por ser “sabia en mi propia opinión”
Todos queremos tener la razón en toda discusión, y eso llega a ser tan fuerte que perdemos la dirección y sentido hacia el que nos dirigimos. Ganar la discusión (o tener la razón) es más fuerte que el amor.
A Dios no le importa si tenemos razón, pero si le importa la gente, y que amemos la gente. Tener la razón es un acto de afirmación egoísta, el amor en cambio es algo que se extiende bondadosamente a otros.
